Dependiendo de la etapa en que se encuentran los niños, serán los intereses que tengan o el área de su cuerpo y de su mente que está madurando y desarrollándose más activamente.

María Montessori les llama planos de desarrollo, y se caracterizan por ser una “ventana” de aprendizaje que se abre y despierta intereses muy específicos, en cierto momento de su vida, de forma muy marcada… Y por tener una temporalidad: una vez que se cierra esa ventanita, nunca se volverá a abrir.

De ahí la importancia de aprovechar esos planos del desarrollo para que los pequeños perfeccionen ese aprendizaje en el que tanto interés están mostrando.

Conocer qué cosas les interesan y cuáles les importunan o les preocupan. Saber cómo eso puede influir sobre sus propias expresiones, deseos y necesidades, me permitió darles una perspectiva distinta.

Por supuesto no fue nada fácil, el hecho de ver que a un niño se le permitiera no saludar a una persona que no había visto en un tiempo o que en ese momento no deseaba hacerlo… Defenderlo, ponerme de su lado y decir que si él no quería saludar no teníamos por qué obligarlo… Ese simple hecho representó en mi familia una osadía.

El decir que “somos familia, que le tengo que enseñar a querer a los demás y expresarlo con abrazos, besos saludos…”, me costó discusiones y hasta lágrimas.

Argumentar y sostener que el cariño se percibe y se expresa con libertad según se siente, y no como una imposición, fue difícil al principio. Pero una vez establecida mi postura, fue más fácil que todos la respetaran.

Esto es sólo una muestra de hasta qué punto encaminamos muchas veces a los niños a hacer cosas que no quieren y que no tendríamos por qué obligarles.

Una regla básica para mí desde entonces es preguntarme primero: yo como adulto cómo me sentiría en una situación similar.

Mis hijos pueden opinar, elegir -por supuesto siempre dentro de un ambiente seguro y sin sobrepasar los límites indispensables- y eso les permite sentirse partícipes, elevar su autoestima y por supuesto tener las bases para una disciplina positiva.

El hecho de dar libertad dentro de esos límites parecía a otros adultos una cosa del otro mundo, comenzaron a calificar o etiquetar a mis hijos como mimados de más, a decir que no iban a ser útiles después.

Al decirles que estaba ahí por si algo necesitaban o que pudiera darles seguridad permitiéndoles hacer ciertas cosas pero estando siempre pendiente de ellos, me convertía en una madre que –ante otros adultos- estaba coartando la libertad de los niños.

Hubo momentos en que no sabía ya qué hacer: sentía que todos me decían lo mal que estaba haciendo mi labor de crianza.

Y a pesar de que mi sentido común me decía que era ese el camino, no me escapé de las dudas rondando en cabeza:

“¿Realmente esto funcionará?”

“¿Estaré haciéndoles bien o mal?”

“¿Estarán así de apegados siempre a mamá?”

Y más aún cuando llegaban las comparaciones: “es que fulanito es así”, “es que fulanito hace esto”, “es que fulanito se comporta así”.

Trataba de callar esas voces dentro de mí, porque yo estaba segura de que la forma de criar que había decidido era la mejor que podía haber para mis hijos. Pero claro, estaba todavía en el momento de sembrar esa semilla.

Un tiempo después, un año quizá, menos tal vez, hubo un cambio muy notorio y muy repentino (sobre todo en el más pequeño): pasó de no querer estar con nadie, saludar a nadie (excepto mamá y papá), de no sentirse cómodo hablando con las personas y no querer convivir con alguien más, ¡Al otro extremo!

Darle seguridad y respaldo en los momentos que no se sentía cómodo, hizo que de pronto hubiera un momento en que por sí mismo comenzara a  reflejar esa seguridad en su personalidad.

Ahora es él quien inicia las conversaciones, quien toma la iniciativa de saludar, quien hace preguntas, e incluso quien convive mucho más.

Así fue también con el tema de los alimentos: saber que tenía la posibilidad de probar algo y tras haberlo probado decidir si le agradaba o no y si lo comía o no. Saber que puede comer hasta donde esté satisfecho, le ha dado la posibilidad de experimentar,  conocer por sí mismo los sabores y hoy día come prácticamente de todo ¡y adora los vegetales!

Además puede racionar, sabe cuánto se come y pide las cantidades apropiadas en sus raciones: sin desperdiciar.

Todo esto puede decirse fácil, pero es un tema de constancia, de preparación, de actualización, de constante formación y sobre todo de acompañamiento. Porque en esos momentos en que pensamos que esto no va a funcionar, que no sabemos qué hacer, que resuenan otras voces… contar con alguien que ya  ha pasado por esto y ha comprobado que realmente funciona… ¡Es una ayuda invaluable!

Y tú, ¿en qué temas has remado contra corriente en la crianza de tus hijos? Te leo en comentarios.

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