Además de la educación tradicional, hoy en día conocemos múltiples alternativas de crianza y acompañamiento a la infancia, gracias al acceso que tenemos a información a través de Internet.

 

Mi generación y la de mis padres, mis abuelos y las anteriores, salvo honrosas excepciones, fuimos criados bajo un claro sentido de autoritarismo, de imposición y en ocasiones de cierto nivel de chantaje para lograr que nos “portáramos bien”.

 

Portarse bien era igual a obedecer lo que tus padres te decían sin protestar:

 

  • Quedarte callado cuando no se te permitía hablar.
  • No intervenir en las pláticas o dar opiniones a los adultos –con un claro mensaje de que el adulto y lo que tenga que decir es importante, los niños no-.
  • Comerte lo que se te sirviera (y dejar el plato completamente limpio) te gustara o no, tuvieras hambre o no.

 

  • Asistir a reuniones de adultos y mantenerte sentado y sin hablar porque era así como un niño se debería comportar.
  • Saludar de beso y abrazo (o como se acostumbrara en la familia) a todo mundo: tíos, primos, abuelos, bisabuelos, invitados, acompañantes… Muchos de ellos unos perfectos desconocidos, a quienes no habías visto antes en tu vida o sólo una vez al año (y por supuesto no los recordabas).

 

La lista podría ser interminable…

 

Afortunadamente hoy tenemos la posibilidad de acceder a otras alternativas de crianza.

 

Alternativas como la disciplina positiva, el método Montessori, el método Waldorf, la comunicación no violenta y muchas más, que se enfocan en el niño como una persona valiosa y no como un ser inferior, sólo por tener una estatura menor a la de un adulto.

 

Si bien es comprensible que nuestros padres, abuelos y demás generaciones de antecesores se comportaban de esa forma porque así es como fueron educados, también es importante decir que hacer las cosas de modo diferente tiene grandes ventajas:

 

Yo misma -que fui educada bajo el método tradicional- al inicio de mi maternidad era tal cual como lo aplicaba, estaba convencida de que los niños debían obedecerme y eso implicaba el que hiciera valer mi voluntad incluso a costa de gritos.

 

Sin embargo y afortunadamente investigué, me documenté y me forme en estas metodologías alternativas a ese tipo de educación. El hecho de prepararme bajo el método Montessori me permitió ver las cosas de una forma completamente distinta.

 

Observar a los niños, darme cuenta de sus necesidades y deseos, saber que tienen otro ritmo que no es el propio, parece que debería ser sentido común pero desafortunadamente no logramos muchas veces verlo así.

 

Así pues comencé a cambiar mis patrones, comencé a actuar de otra manera. 

 

No quiere decir que ya nunca grito (de hecho, si me sigues de hace tiempo y me has visto en video, sabes que mi tono de voz de por sí es muy fuerte). Tampoco significa que nunca me desespero o que soy perfecta…

 

¡Para nada! Más bien es que estoy trabajando y avanzando en el proceso, y voy aprendiendo a autoconducirme y autocontrolarme. Pero de eso ya hablaremos en otro artículo.

 

La clave está en respetar los tiempos y los procesos de los niños:

 

  • Preguntarles si quieren algo antes de hacerlo
  • Tomarles en cuenta
  • Escucharlos
  • Saber cuál es su opinión, qué es lo que ellos desean, qué prefieren
  • Darles alternativas, permitirles elegir
  • Observarlos sin prejuicios
  • Empatizar con ellos, hablarles a su altura y con respeto

 

 

Todo esto permitió centrarme más en la importancia que tienen mis hijos para mí.

 

Un tip que me ha ayudado mucho a tener presente esta forma de crianza -sobre todo porque a veces salta mi historia de infancia y quiere imponerse repitiendo patrones- es dirigirme a mis hijos y tratarlos como si fueran otros adultos…

 

¿Te has dado cuenta de que solemos tratar con más amabilidad a otros adultos que a nuestros propios hijos?

 

Suena descabellado… ¡Pero es una realidad! Así que me propuse que esto no sería más así: que mis hijos serían tratados con el mismo respeto, consideración y amabilidad que los adultos no sólo por mí, sino por otros adultos también.

 

¿Que cómo me fue? Pues ya te imaginarás… me costó muchísimo –hasta las lágrimas- porque no es fácil implantar un cambio. Pero eso te lo cuento en la segunda parte de este artículo.

 

Mientras tanto, ¿me compartirías con otras madres que quizá estén pasando por este vaivén en los modelos de crianza de sus hijos? Quizá podría ayudar a más de alguna… GRACIAS!

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