Una de las grandes indecisiones o problemáticas con lo que nos enfrentamos los papás  de hoy en día, es justamente la de lograr el equilibrio entre los límites que ponemos a nuestros hijos y la libertad que podemos otorgarles para ser ellos mismos y no coartar su propia personalidad.

Por un lado, la imposición de la voluntad de papá o mamá simple y sencillamente “porque yo lo digo”, “porque soy tu padre o soy tu madre”, es algo que no funciona: les da a los niños inseguridad, los hace sentirse inferiores, sentir que no son importantes.

De ahí el tomarles en cuenta, el escuchar su opinión, el observarles para saber lo que les interesa, lo que quieren, lo que sienten, lo que piensan, el tratarles como personas y no como seres inferiores, es básico.

 

Pero por otro lado, con la cantidad de metodologías que en la actualidad pretenden contrarrestar la crianza mayormente autoritaria con la que fuimos educados muchos de nosotros, se ha llegado a caer en el extremo contrario: el de la permisividad.

Ese “dejar hacer, dejar pasar”, hace tanto daño como el autoritarismo a nuestros pequeños.

 

Y es que en nuestro afán por darles esta importancia, sobre todo si no tenemos alguna formación al respecto o no nos hemos documentado de buenas fuentes, podemos caer en el error de ir hacia el otro extremo y entonces permitirles todo.

Seguir absolutamente todas las líneas que ellos marquen o pretenden (como la famosa frase de: “no puedo ir a una tienda sin comprarle lo que quiere, porque se pone muy mal”), es una pauta que también puede hacer mucho daño.

 

Los niños son personitas que están en proceso de formación, su cerebro aún no tiene la suficiente madurez, se está consolidando su personalidad y la razón por la que los pequeños están bajo el cuidado de los adultos -particularmente de sus padres o tutores- es precisamente porque requieren de un acompañamiento, de la guía de una persona adulta, madura, que pueda irles marcando las pautas en el camino.

 

Entonces… ¿cómo lograr establecer estos límites sin que estemos coartando esa autonomía a su libertad?

Una muy buena amiga, Maca Millán especialista en crianza consiente y disciplina positiva señala que el implementar límites respetuosos es como ir caminando por un puente colgante. Si cuando vas a cruzar un abismo entre dos montañas lo haces a través de un puente colgante que no tenga a los lados unos límites, unas cuerdas, o unas barreras que impidan que puedas caerte, lo harás con bastante inseguridad e incluso podrás negarte a hacerlo, te va a asustar y no te vas a sentir segura. Pero si en cambio tienes un par de límites, uno hacia cada uno de los costados, donde puedas sentirte seguro de que de ahí no vas a pasar, y entonces te permita moverte con libertad a lo largo de tu trayecto por el puente, te sentirás segura.

Pues bien, esa es la misma sensación que otorgaremos a nuestros niños a través de la implementación de límites.

¿Cuáles son los límites básicos que vamos a implementar?

Seguridad: Uno de los temas básicos: aquellos aspectos en donde su seguridad esté de por medio va implicar el establecimiento de límites y estos no son negociables ni cuestionables. Por ejemplo, si vas a viajar en tu vehículo y llevarás al niño contigo, es innegociable el que vaya fuera de su silla para auto, porque esto le implica una protección e incluso porque tú debes abocarte a cumplir con las leyes de tránsito (a nivel mundial ya se ha implementado esta medida de seguridad). Por tanto, no porque el niño llore, se sienta incomodo o desee ir en el asiento delantero, lo vas a colocar ahí: sabes que puede estar en riesgo su vida y que se puede hacer daño.

Cordialidad: La gracia y cortesía que permite tener un respeto hacia los demás y convivir apropiadamente en sociedad. Esto implica que no peguen, que no empujen e incluso que pidan las cosas por favor y den las gracias. Pero no el obligarlos por ejemplo a saludar. ¿Por qué vamos a obligar a un niño a dar un beso o un abrazo a una persona a quien no conoce o que tal vez conoce pero que en ese momento no se siente cómodo o no la recuerda? Muchas veces obligamos a los niños a saludar a personas simplemente porque son sus familiares, pero si ellos no conviven y no sienten esa tranquilidad de poderse expresar de esa forma ¿por qué lo vamos a obligar?

Hábitos: lavarse manos, bañarse, ser puntual, pedir por favor, dormirse a tiempo. Todo lo que implique inculcar buenos hábitos, que en un futuro le serán de gran utilidad, cuando sea adulto y tenga completa autonomía.

Límites coherentes: aquellos con los que nosotros podemos dar ejemplo. Si yo grito, ellos lo ven y gritan… Si yo como un montón de galletas, ellos también. Hacen de forma natural mucho más lo que ven que lo que explicamos. Así que, antes de establecer cualquier límite es importante estarlo cumpliendo en mi propia persona, de lo contrario, careceré de la autoridad moral y por supuesto no me tomará en serio.

Poner límites justos, precisos y solo los indispensables es otro principio básico en este tema. El que llenemos de límites per se nos hace caer justo en una línea sobre el autoritarismo.

Estar restringiendo todo el tiempo las acciones de los pequeños nos puede llevar a que impidamos que desarrollen su propia personalidad, que hagamos tal cual copias nuestras. Esa intención de que sean como nosotros queremos y no como ellos son no es para nada respetuosa.

Pero sí es importante poner límites, ya aquí te he dado la pauta para comenzar.

 

Y tú… ¿qué límites pones a tus hijos?

 

Te leo en comentarios.

 

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